De uno a otro.
He aquí algunos pensamientos (tal vez) que pasé a papel hace unos días. Quizás padezcan de pretensión e inclusive parezcan perder de vista el objeto pero así salieron.
"...Creo que aquí se trata una tercer postura de un maniqueísmo que se hace ya insostenible (militares-montoneros; derecha-izquierda, etc.).
Consideremos por un momento que este maniqueísmo es real (porque lo es) y que esta tercer opción posible (que no es precisamente la de la neutralidad y el tono gris) refiere, ante todo, a la memoria. Pero en ésta, se pasa del ensañarse en recordar y castigar, al olvidar y construir: Borrón y cuenta nueva.
Del revisionismo polarizado se cae (y retrocede) entonces en un maniqueísmo del recuerdo, en donde más que una tercer opción, se establece un nuevo polo al que se opone el que conforman ambos 'partidos' de la dicotomía original. Y como tal, esta polarización tampoco es constructiva.
Pero este paso atrás puede ser beneficioso para extraerse de una polarización que ha probado al hartazgo su ineficacia. Y tanto más relevante resulta esta abstracción porque homologa tanto individuos que se encuentra inmersos en el conflicto (los de la primer dicotomía) como aquellos que al margen se mantienen (que, desafortunadamente, son los más). Pero este abstraerse del nuevo maniqueísmo probará (o no) su efectividad, siempre y cuando se evite caer en sus polos.
De esta nueva incorporación surge un potencial moderador que conformaría entonces un espacio de debate en donde el revisionismo pueda cosechar la sabiduría necesaria para dejar atrás este hecho histórico que azota al país hace ya treinta (¡!) años. Y mediatizado (y transformado) como lo está, creo que este espacio debería surgir en primer lugar desde el lenguaje; el maltrato al que a éste se ha sometido con el síndrome de negación de una y otra parte del conflicto, no sólo lo ha reducido a escombros sino que ha hecho todo lo posible por polarizar una Verdad y una razón (casi infantil) que, naturalmente, no se dejan.
Únicamente desde el lenguaje se podrá reivindicar la seriedad que el asunto tiene (porque sí importa (y mucho) entender qué es lo que ocurrió dejando de lado cifras y figuras) y generar diálogo entre dos partidos sin dejar de sopesar las faltas, crímenes y fenómenos entre y dentro de los cuales tuvieron lugar..."
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Por otra parte, en una conversación reciente con Merlot sostenía él que el fin de este 'coloquio' infame devendrá de una aplicación inmediata del proceso punitivo de los implicados.
¿Acaso al castigo de los militares (al cual grupo alguno se opone) seguirá la punición de los grupos contraterroristas (i.e. Montoneros) y será ésta la (re)solución del asunto? En mi caso, lo dudo.
Creo que la punición sólo devendrá en una caza de brujas que pasará a juzgar 'implicados' (o peor, militares) casos de falta de información (que muchos funcionarios padecieron y a la que muchos ciudadanos se vieron sometidos). Pero esta especulación daña más (en tanto pasiva e hipotética) que la posibilidad del método que Merlot propone o cree sería eficaz.
Sin embargo, me niego a resignar la posibilidad de una resolución civilizada y democrática en la que el lenguaje y el debate sean agente principal.
Hasta una u otra aplicación de una nueva propuesta de resolución, la dicotomía vigente infectará nuestra propia democracia que, a esta altura, ya no puede darse el lujo de quedar atrás.
"...Creo que aquí se trata una tercer postura de un maniqueísmo que se hace ya insostenible (militares-montoneros; derecha-izquierda, etc.).
Consideremos por un momento que este maniqueísmo es real (porque lo es) y que esta tercer opción posible (que no es precisamente la de la neutralidad y el tono gris) refiere, ante todo, a la memoria. Pero en ésta, se pasa del ensañarse en recordar y castigar, al olvidar y construir: Borrón y cuenta nueva.
Del revisionismo polarizado se cae (y retrocede) entonces en un maniqueísmo del recuerdo, en donde más que una tercer opción, se establece un nuevo polo al que se opone el que conforman ambos 'partidos' de la dicotomía original. Y como tal, esta polarización tampoco es constructiva.
Pero este paso atrás puede ser beneficioso para extraerse de una polarización que ha probado al hartazgo su ineficacia. Y tanto más relevante resulta esta abstracción porque homologa tanto individuos que se encuentra inmersos en el conflicto (los de la primer dicotomía) como aquellos que al margen se mantienen (que, desafortunadamente, son los más). Pero este abstraerse del nuevo maniqueísmo probará (o no) su efectividad, siempre y cuando se evite caer en sus polos.
De esta nueva incorporación surge un potencial moderador que conformaría entonces un espacio de debate en donde el revisionismo pueda cosechar la sabiduría necesaria para dejar atrás este hecho histórico que azota al país hace ya treinta (¡!) años. Y mediatizado (y transformado) como lo está, creo que este espacio debería surgir en primer lugar desde el lenguaje; el maltrato al que a éste se ha sometido con el síndrome de negación de una y otra parte del conflicto, no sólo lo ha reducido a escombros sino que ha hecho todo lo posible por polarizar una Verdad y una razón (casi infantil) que, naturalmente, no se dejan.
Únicamente desde el lenguaje se podrá reivindicar la seriedad que el asunto tiene (porque sí importa (y mucho) entender qué es lo que ocurrió dejando de lado cifras y figuras) y generar diálogo entre dos partidos sin dejar de sopesar las faltas, crímenes y fenómenos entre y dentro de los cuales tuvieron lugar..."
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Por otra parte, en una conversación reciente con Merlot sostenía él que el fin de este 'coloquio' infame devendrá de una aplicación inmediata del proceso punitivo de los implicados.
¿Acaso al castigo de los militares (al cual grupo alguno se opone) seguirá la punición de los grupos contraterroristas (i.e. Montoneros) y será ésta la (re)solución del asunto? En mi caso, lo dudo.
Creo que la punición sólo devendrá en una caza de brujas que pasará a juzgar 'implicados' (o peor, militares) casos de falta de información (que muchos funcionarios padecieron y a la que muchos ciudadanos se vieron sometidos). Pero esta especulación daña más (en tanto pasiva e hipotética) que la posibilidad del método que Merlot propone o cree sería eficaz.
Sin embargo, me niego a resignar la posibilidad de una resolución civilizada y democrática en la que el lenguaje y el debate sean agente principal.
Hasta una u otra aplicación de una nueva propuesta de resolución, la dicotomía vigente infectará nuestra propia democracia que, a esta altura, ya no puede darse el lujo de quedar atrás.

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