de A a D

Acerca del caso de Jorge Julio Lopez, testigo del caso Etchecolatz, que ya lleva 15 días desaparecido, no hay mucho más para decir. La pregunta surge desde todos los rincones de la ciudad con la misma sensación de asombro: ¿Cómo puede ser que no haya tenido una custodia policial un testigo de una causa conflictiva, sensible, en contra de un ex-comisario de la última dictadura militar?
Insisto en buscar motivaciones y segundas intenciones en todo esto, y sin embargo no las encuentro: estoy convencido de que Lopez es víctima de la falta de previsión, de la inexperiencia, de la ineptitud de aquellos encargados de velar por su seguridad, y de la de todos los implicados en la causa, que últimamente han estado recibiendo cartas con amenazas.
Y esto podría reducirse a una crítica focalizada hacia el Poder Judicial y las fuerzas de seguridad, pero no lo es. Es una ilusión poco creíble pero efectiva la de dividir el país en gobernantes y gobernados, y especialmente útil cuando llega el momento de atribuir responsabilidades tanto de grandes tragedias como de los pequeños errores que se cometen día a día en todos los ámbitos. Lo cierto es que no habría unos sin los otros, y que hay mucho que se puede hacer para cambiar la conducta de los primeros, que no son otra cosa que el resultado del voto de los segundos.
Y acá viene mi teoría: el error que cometió el juzgado de La Plata al no otorgarle una custodioa especial a Lopez es, creo yo, de la misma naturaleza que el error que cometió la mayoría de la sociedad al quedarse impasible mientras en el Congreso se aprobaba la maquillada desregulación de los decretos de necesidad y urgencia. Como estos hay muchos ejemplos que son, al margen de las convicciones políticas de cada uno, errores que se originan en una falta de "práctica" democrática.
La mayoría de los países hacia los cuales miramos cual hermanos menores, cargan con más de medio siglo de democracias relativamente estables, y con ello un paulatino entrenamiento democrático de la sociedad. En América del Sur todavía estamos en camino, y en el último medio siglo estuvimos cerca de dejarlo del todo.

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