Trabajo-Placer
El fin de semana pasado me junté con un par de amigos por el cumpleaños de uno de ellos. Sentados alrededor de una mesa todos intentamos integrarnos a una conversación general en la que cada uno aportaba su anécdota y en realidad no escuchaba la del el otro, sino que se reía cuando todos se reían y se anticipaban a contar la suya (pisadora de anécdotas-gracias Pettinato). Este tipo de conversación caótica duró poco y de aquellos comentarios al margen que uno le hacía al que tenía al lado se formaron charlas paralelas. Hasta aquí todo bien, pero en cuanto mi compañero levantó su tono de voz para expresar su idea, idea que fue escuchada por el resto de los subgrupos, una de las mujeres que se sentaban a nuestro costado giró e hizo un comentario del estilo: “¿Por qué carajo están hablando de eso acá? En ese momento su frase produjo en mí una breve sonrisa y una reflexión que recuperé mucho más tarde, más borracho y con más tiempo de filosofar al pedo.Noto en ciertas personas de mi generación la necesidad de separar el trabajo, estudio del placer. El trabajo está restringido a la semana, a un horario específico, mientras que el ocio ocupa el resto de la agenda en donde no vale engranarse por temas serios y que afectaron a uno durante la semana. La separación trabajo-placer es preocupante y más aún en un ámbito universitario en donde se supone que uno va a aprender sobre temas que le interesan y que no restringe únicamente a la clase.
No se, una idea nomás… quizás ni les pase lo mismo y entonces el problema soy yo como me dijo mi mamá el otro día…

3 Comments:
se me ocurre que puede venir por varios lados:la etiqueta social de la noche comprende temas de conversacion estrictamente pelotudos e intrascendentes, se supone que las cosas serias ya nos amargan la semana y solo podemos usar la cabeza para decir giladas. tambien se cree que en las fiestas, como en la mesa, no se puede hablar de politica ni religion, porque queda mal, molesta, incomoda. no se porque sera, en una de esas es generacional como vos decis, pero no creo.
A mí me pasa justamente al revés. Mientras laburo digo pelotudeces y después durante el fin de semana las oigo y me veo obligado a repetirlas. Siete días de pelotudez es el tema serio de mi vida, si se lo ve desde cierto punto de vista.
Varias puntos de análisis (siendo jueves, dia de semana). Uno quizás tu sabado a la noche no sea en ese ambiente preciso sino en un grupo de jóvenes con ideas efervecentes donde se tratarán todas las cuestiones del ser y de la politica exterior mientras degluten una fugazzeta, y hasta quizás es esa instancia quieras eso mismo pero en dosis homeopáticas.
Segundo y con esto termino, el problema evidentemente sos vos y tu necesidad absurda de pensar hasta en los fines de semana, destinados plenamente al ocio. En vacaciones no se escribe, ni se hacen multiplicaciónes. Y si una mujer te dijo que no hables de eso hacele caso, casi siempre tienen la posta...
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